Que triste se oye la lluvia en los techos de cartón. Que triste vive mi gente en las casas de cartón.
Viene bajando el obrero casi arrastrando sus pasos por el peso del sufrir. Mira que mucho ha sufrido mira que pesa el sufrir
Arriba deja la mujer preñada abajo está la ciudad y se pierde en su maraña
Hoy es lo mismo que ayer, es un mundo sin mañana.
Que triste se oye la lluvia en los techos de cartón. Que triste vive mi gente en las casas de cartón.
Niños color de mi tierra con sus mismas cicatrices millonarios de lombrices y por eso... que triste viven los niños en las casas de cartón.
Que alegres viven los perros, casa del explotador.
Usted no lo va a creer pero hay escuelas de perros y les dan educación pa' que no muerdan los diarios, pero el patrón hace años muchos años que está mordiendo al obrero.
Que triste se oye la lluvia en los techos de cartón que lejos pasa la esperanza en las casas de cartón.
No he podido encontrar la versión que se hace de la canción de Los Guaraguao que aparece como tema central en la película, pero ésta de Javier Álvarez no tiene nada de desperdicio. Voces inocentes cuenta la historia de los niños soldados, esos pequeños a los que le roban su infancia siendo reclutados para luchar en una guerra civil sin saber como se maneja un arma, ni las consignas del bando que defienden. En esta ocasión la historia transcurre en El Salvador, pero podía haber ocurrido en cualquier otro sitio del planeta: Afganistán, Somalia...
Es entonces cuando a pesar de los malos momentos, de vivir asfixiado en el primer mundo, te das cuenta de que te sientes afortunado por haber caído en esta parte del planeta, donde sólo te escondes bajo de la cama en el juego del escondite y no para evitar que las balas te crucen el cuerpo. Afortunado de tener una familia, una educación, una casa con paredes, algo que llevarte a la boca cada día, ocio...pero a su vez desafortunado por tener un reloj que te esclaviza, un ritmo de vida estresante y exigente, no disfrutar de los días ni de las pequeñas cosas exento de propiedades; encontrar hipocresía en cada esquina, ver brotar la envidia en las aceras...
Meciéndose en su hamaca, las horas perdidas van despertando de su letargo. Fantasmagóricas sombras renacen de la nada recordando todo tiempo olvidado. Criminales, capaces de fulminar ilusiones y mantenerme anclado a este espacio, acompañado por los mismos rostros, deambulando por calles similares, cometiendo idénticos pecados.
Sí, ellas fueron las que me raptaron de ti, enclaustrándome en mí.
En esos momentos en que se asoman a hurtadillas, aprovecho para mostrarles mi mejor sonrisa de antaño alientada por el bombeo de un corazón cicatrizado.
Y así con esta instantánea, es como me inicio en el mundo de la reflex. Ya sé que la foto no es perfecta, ni bonita. Incluso no tendrá sentido para aquellos que no conozcan el caudal ordinario del Vinalopó. Pero cualquier vecino o visitante de la zona, me entenderá al no dejar pasar una oportunidad como esta. Estoy seguro que esta foto puede llegar a impresionarle por lo anómala que resulta si tenemos en cuenta el nivel normal de nuestro río que se observa en la siguiente:
Quizás ahora podamos entender cómo fue capaz de ahogarse en la antigua Hélike el general cartaginés Amilcar Barca, en su asalto a las topas romanas durante las guerras púnicas.
Aprovechando la apertura de unos grandes almacenes, no he sabido contenerme a la hora de comprarme la ansiada reflex. Estoy seguro de que no es la mejor del mercado, ni mucho menos, pero para un semiprincipiante en esta materia puede ser más que suficiente. Ahora os amenazo con hacer más fotos, esperemos que mejores.
A sus aparatos! Pero con moderación que os conozco ;)