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martes, marzo 11, 2008

Pequeña pulguita




Sigilosa, desplazándose mediante unos botes tranquilos e inocentes fue capaz de pasar desapercibida entre el chismorreo de los moscardones. Uno, dos, tres, cuatro. Cuatro saltitos le sobraron a la pequeña pulguita hasta alcanzar la mesa, no sin sortear previamente todas las mochilas que acampaban en el suelo.
Balanceándose de un lado a otro consiguió depositar su pesada cartera sobre el tablero, fábrica de futuros genios, liberando su espalda de esa maldita carga en un ser tan frágil y diminuto.

-cri cri- susurró la cremallera de la mochila sedienta al ver la luz.

Y allí empezó a descubrir su tesoro tan bien guardado: rotuladores, goma de borrar, lápiz, un archivador y una calculadora. Sin levantar la vista de la misma, tecleaba las cifras que le permitían conocer el punto geográfico donde se encontrarían dos coches en sentido opuesto. O conocer el número de sacos con los que llenar un camión en función de su peso.

Por desgracia las bibliotecas o salas de estudio de hoy en día ya no son como las de antes. Los libros han sido sustituidos por portátiles, los moscardones se acompañan de mp3. Incluso de vez en cuando tu autoestima asciende al descubrir que hay tonos de móviles más horteras que el tuyo. Y zumbidos, todo son murmullos.
Quizás dentro de unos años puede que esta pequeña pulguita sea médico, veterinaria, enfermera, trabajadora social, etc. El futuro de los moscardones...

(Inspirado en la niña de no más de 9 años, isla de cordura de una sala de estudio en época de exámenes. Por cierto, nada que ver con la niña de Rajoy).


Fotografía por cortesía de Piedra_de_sol

domingo, septiembre 09, 2007

E-lección


-Nasrudin fijó la conferencia para las dos de la tarde y fue un éxito: se vendieron íntegramente los mil asientos y quedarons más de seiscientas personas fuera, que siguieron la disertación a través de un circuito cerrado de televisión.

A las dos en punto entró un subordinado de Nasrudin e informó que por motivos de fuerza mayor la conferencia se retrasaría. Algunos se levantaron indignados, pidieron que se les devolviera el importe de la entrada y se fueron. Pero aun así permaneció mucha gente dentro y fuera de la sala.

Cuando el reloj señaló las cuatro de la tarde, el maestro sufí aún no había aparecido y la gente fue lentamente abandonando el local y recobrando el dinero de su entrada; al fin y al cabo el horario de trabajo estaba terminando y era la hora de regresar a casa. Cuando dieron las seis, los mil setecientos asistentes iniciales se habían reducido a menos de un centenar.
En ese momento, Nasrudin entró. Parecía completamente borracho y empezó a decir tonterías de mal gusto a una bonita joven que estaba sentada en la primera fila.
Pasada la sorpresa, los asistentes emperzaron a indignarse; ¡cómo, después de hacerse esperar cuatro horas enteras, ese hombre se comportaba de tal manera! Entonces se oyeron algunos murmullos de desaprobación, pero el maestro sufí no les dio ninguna importancia, sino que continuó, a voz en cuelllo, alabando el atractivo de la chica y convidándola a viajar con él a Francia.

>>¡Qué maestro! -pensó Veronika-. Menos mal que yo nunca creí en estas cosas>>

Luego de preferir algunas palabrotas en contra de las personas que protestaban -prosiguió el hombre de la chaqueta-, Nasrudin intentó levantarse y cayó pesadamente al suelo. Indignadas, las personas asistentes decidieron marcharse, diciendo que todo aquello no pasaba de ser puro charlatanismo y que irían a los periódicos a denunciar aquel espectáculo degradante.

Y así el grupo de ofendidos dejó el recinto. Nueve personas continuaron en la sala. Nasrudin se levantó; estaba sobrio, sus ojos irradiaban luz, y había en torno de él un aura de respetabilidad y sabiduría.

- Vosotros, los que os habéis quedado, sois los que me tenéis que oír -dijo-. Habéis pasado por las dos pruebas más duras en el camino espiritual: la paciencia para esperar el momento adecuado y el coraje de no decepcionaros con lo que habéis encontrado. A vosotros os enseñaré

Extracto de Veronika decide morir. Paulo Coelho.


Foto: Arcoiris de los sueños. Bruixot, Santa Pola, 24 de marzo de 2004

miércoles, marzo 21, 2007

Reencarnación




Una tarde más se encontraban sentados alrededor de una mesa en el Café de los Sueños. Sorbían lentamente aquellas infusiones, cafés, elixires de juventud que proporcionaban un estado de calma capaz de evadirse del exterior. Esa realidad de la cual huían tras una semana tediosa empañada por el trabajo y el estrés. Sin duda, ese era el preciso momento y el precioso lugar en el que compartían inquietudes, novedades, el curro, los estudios, los ligues, inventaban nuevas aventuras donde refugiarse mientras dibujaban nuevos paraísos por descubrir. Hasta ahí nada fuera de lo cotidiano.

Les gustaba jugar de vez en cuando. Os aseguro que lo pasaban muy bien en esos juegos que sólo ellos eran capaces de imaginar: inventar la vida de la persona sentada justo enfrente de ellos, diseñar aviones de papel capaces de sobrevolar las cabezas del resto de cómplices de ese momento, adivinar el color de la camiseta de la próxima persona que cruzara el umbral del local. Pero esa tarde surgió de una manera inesperada otro juego distinto:

-¿Qué pasará de nosotros cuando no estemos? Escribid en una servilleta aquello en lo que os gustaría reencarnaros.

Cada uno de ellos cogió una servilleta de papel del cubilete que las resguardaba. Seguidamente comenzaron a escribir. Sólo una voz, como si se tratara de la cuenta atrás del escondite, marcó el final de la tregua silenciosa:
- Ya vale.
Uno a uno empezaron a argumentar sus ideas:

-Cuando muera me gustaría convertirme en una mariposa. Al principio sería un ser sufridor, despreciado por muchos finalizando tras un proceso de metamorfosis en el ser más bonito del planeta.

-Pues a mi me gustaría convertirme en una flor en plena ebullición primaveral. Así sería el reino de todo insecto, confesor de sus amores, portador de sus esencias.

- Aunque no lo creáis a mi me gustaría ser un caracol. Sí, un caracol, todo tiene su explicación. En estos tiempos difíciles no me faltaría amor ni vivienda.

- Sinceramente yo creo que sería la misma imagen que veis ahora. Lo he pensado seriamente y sabemos que todo o casi todo transcurre por ciclos, actos que se vuelven a repetir una y otra vez. Los seres humanos estamos predeterminados a repetir las mismas acciones, a tropezar en los mismos errores. Es por ello que.. ¿quién no os dice que este instante no sea una repetición de otra vida anterior? ¿Cuántas veces habremos jugado ya ha este juego? ¿Cuántas veces habrá sido 2007 en el calendario?


Y allí continúan ellos cavilando en el Café de los Sueños, pero sobre todo soñando.

Fotografía realizada por Miriam, mientras sobrevivíamos al ataque de las fuerzas aéreas italianas. Milán, 17 de julio de 2005

viernes, febrero 23, 2007

Érase una vez un hombre pegado al...




Se despertó esa mañana con los pies pegados al techo, intentó despegarlos y volver a su posición habitual. Le fue imposible. Saltó una y otra vez intentando aferrarse a cualquier objeto colocado en el suelo, aquel que hasta entonces lo había sido, pero una fuerza imanada lo empujaba siempre en dirección hacia el techo. Cansado de esta situación intentó evadirse de ella. Para ello fue dando pequeños brincos hasta alcanzar la ventana. Salir al exterior significaba liberarse de esa gravedad. Lo consiguió, por fin pudo deshacerse de esa presión. Desde entonces sigue impulsado por el espacio esperando que la fortuna le permita encontrarse con un planeta en el que poder establecerse.

Perdón por la osadía y por el destrozo. Este simulacro de cuento por mi parte, no es más que un resumen con mis palabras y sin representación alguna ni gestos, de un cuento de todo el compendio con el que nos obsequió Rubén Martínez Santana dentro del Festival de la Oralidad, en sus denominados “Cuentos Digitales”. Seguro que pensaréis, estos cuentos deben ser muy cibernéticos, relacionados con las nuevas tecnologías, o motivados por sombras chinescas como pensé yo previamente. Mac! Craso error, cuentos digitales se debe como bien explicó Rubén, a que todos los cuentos son narrados por los diez dedos de ambas manos, sin ninguna sombra ni ordenador. Resulta asombroso como el movimiento de los dedos puede escenificar tantas ideas. Un espectáculo excelente con el que disfrutamos todos. Que pena que termine el Festival y no haber podido acudir más días!

sábado, enero 06, 2007

Regalos

Ya han llegado los Reyes Magos, y con ellos la entrega de regalos invisibles surgidos de esta gran iniciativa por parte de xydehia. Durante unas semanas todo aquel bloguero que lo deseara podía inscribirse para participar en el amigo invisible , un juego divertido y diferente pues regalar a un compañero de trabajo o familiar puede ser más sencillo en cuanto a los gustos externos, a la imagen, mientras que en un bloguero se puede apreciar más el interior, no dejando de ser una verdadera aventura al ser tan desconocido.

Dicho esto y como ayer fue noche de regalos, secundo la convocatoria de xy, para que mostremos nuestros regalos invisibles.

Mi amiga invisible fue Phoebe y mi regalo fue el siguiente:







El sueño de la luna

Hacía muchos años, quizás fueran décadas o siglos que la luna había dejado de saludar a sus habitantes. Cada uno de ellos se preguntaba donde podría haberse escondido o de qué magnitud era la fatalidad que la envolvía para haberla llevado a desaparecer durante tanto tiempo.
Con el fin de encontrarla se crearon distintos grupos entre los diferentes clanes del mundo: los había formado por humanos, el de las bestias, el de los animales…pero ninguno fue capaz de encontrar su paradero. Y mira que la buscaron por cada rincón del mundo.
La existencia del universo se tambaleaba, ningún espacio podía continuar su vida sin la luz de un satélite. ¿Quién iba a ser testigo del encantamiento de los enamorados? ¿Quién iba a alumbrar el nacimiento de las nuevas especies?

Una tarde como otra cualquiera en ese universo deprimido, cuando todo ser iba arrancando las hojas de vida que le quedaban del calendario, se escuchó un silbido a lo lejos pero sobradamente profundo para colarse dentro del oído de cada ente.
El sonido procedía de los cuernos de las hadas, duendecillos y demás seres del bosque. Habían encontrado dormida a la luna, por lo que nunca se había marchado, según ella jamás sería capaz de largarse dejando solos a los suyos.
Gracias a los encantos mágicos del bosque, estos seres fantásticos pudieron despertarla de su letargo. Decían que la luna se encontraba triste, pero ¿cuál era esa preocupación que mantenía dormida al ser más bonito del universo?.
Fruto del embrujo, le sonsacaron la raíz generadora de tanta tristeza. La luna quería bañarse en el mar, ese océano que hacía tantos siglos que se había evaporado de la tierra selenita.

Los seres del bosque, pensaron una y otra vez como podrían cumplir el sueño de la luna, hacer que su deseo se cumpliera realidad. Siendo seres cargados de tanta magia, con el sonido de su cuerno convocaron a todos los seres marinos para realizar el hechizo lunar que permitiera acercar a la luna al mar. Fue así como se dieron cita las sirenas, ondinas, caballitos y estrellas de mar, hasta el mismo dios Neptuno para unir sus fuerzas a las de los seres del bosque y provocar el encantamiento.

El resultado ya todos lo conocéis…desde aquel momento todas las noches la luna se baña en el mar. Ésta de alegría lo agradeció creando las mareas y con ellas las olas, capaces de acercar a todo ser esa muestra de amor entre el mar y la luna. Y fue así como se cumplió el sueño de la luna…y como se generó la vida en el mar.


.....

Pero no todo termina ahí. Los blogueros participantes decidimos hacerle un regalo común a xy, por todo su esfuerzo y dedicación en que todo saliera bien. Y como resultado surgió este precioso vídeo. Echadle un vistazo. Hay verdaderos maestros. He de confesar que no tuve mi mejor día, fue mi primer fotosó...pero y lo que aprendí y divertí haciéndolo.
En el enlace de amigo invisible podéis ver todos los regalos. Allí se encuentra el mío por parte de nhita, a la que quiero agradecer por el tiempo y dedicación empleado en hacerme el regalo mostrando su cara más íntima. Finalmente agradecer a xy, por esta iniciativa.

¿Y a ti, que te regalaron?

miércoles, diciembre 06, 2006

La mujer del desierto


Elena refugiada en un castillo de papel,
Elena lleva escrita en su mirada la niñez,
Elena que decide no mostrar la cicatriz,
de su alma golpeada y de su miedo de perfil
Elena. Jesús Garriga



Elena es una de esas mujeres que ha cruzado el umbral del medio siglo. Es una madre que ha sufrido, pero que es capaz de eclipsar detrás de su sonrisa todos los golpes que le ha dado la vida. Hubo otros tiempos en los que la depresión y el tedio la empujaron al borde del precipicio, pero afortunadamente supo agarrarse en el último suspiro al tren de la vida. Ha sido capaz de emprender nuevas iniciativas y añadir inquietudes que la conducen por senderos llenos de sueños hasta alcanzar el cartel multicolor en el que se puede leer la palabra ilusión cual meta ciclista.

Buena culpa de esta enérgica metamorfosis se la debe a su nueva pasión: viajar. Se ha apuntado a un grupo que realiza excursiones y pese a revelar que ella se encuentra en el nivel B de novatos, a su ritmo nadie le quita las ganas de disfrutar, pues el viajar le permite observar el horizonte de la vida. En unos días volverá al desierto, allí donde vivió de pequeña.

- “Voy a hacer una aventurilla. Vosotros que sois jóvenes me entendéis.”

Confiesa que recuerda pocas palabras en árabe; algún taco o imperativo; los números del uno al diez, que aprendió jugando al escondite cuando se juntaba con el resto de niños en la judería de las casas. Contaban hasta tres veces diez, con los ojos ocultos tras las manos, pues no sabían el equivalente en árabe a las cifras consecutivas.

Solo ella es capaz de rentabilizar un viaje tan simple de una semana, prolongándolo de bienestar y felicidad durante cinco meses. Tiempo durante el cual su barriguita estará repleto de hormigas. En ese período pre y post aventurero se junta con sus amigas, prepara la maleta, investiga el destino, y una vez regresa presume de fotos y anécdotas.

- No tengo nada en mi vida, no puedo quedarme de brazos cruzados. No he tenido suerte en el amor. Sí, la tengo, en el trabajo y con mis hijos, pero viajar me ilusiona, me alegra, me da vida. Es que un viaje me tiene en vela durante cinco meses.”

Al mencionar la palabra hijos, su rostro dibuja la mejor de sus sonrisas mientras que sus ojos desprenden un brillo especial capaz de alumbrar en la oscuridad.

- Di que sí Elena, debes disfrutar y no dejar de hacer cosas que te lleven a mundos de ilusión. Aprovéchalo.
- Y del amor nada…bueno igual me sale un…
- Un…Elena, que menos que un jeque que tú te lo mereces.


(Dedicado a todas las madres, motores de la vida, siempre presentes)


Foto: No es donde parece. El Huerto del Cura. Elx. 13 de agosto de 2005

lunes, noviembre 06, 2006

Rema




Y si al día le da por llegar,
déjame que te bese en la boca,
que esta noche quizás sea el mar
quien se siente a mirar.
Quizás sea el mar. Dani Flaco


Quiero que llueva muchos días seguidos, que la ciudad se inunde y podamos montar en nuestra canoa. Remar y remar, donde el corazón nos lleve. Arribar hasta aquella, nuestra isla naufragada. Bebernos un granizado de limón bien triturado y envolvernos en las sábanas de nuestra cama compartiendo este constipado cómplice.



Foto, rema, rema. Logroño, 23 de septiembre de 2006
Paranoias nocturnas, 6 de noviembre de 2006

jueves, noviembre 24, 2005

Abracadabra


Un ensordecedor rumor de aplausos abrigaba las paredes del teatro. El haz de luz se centraba en él. Camisa blanca y pantalón negro, todo un clásico. Del fondo de su chistera hizo aparecer una paloma. La sujetaba con ambas manos, sonreía y la lanzó al público. En un instante colocó su chistera sobre su cabeza y agarró con su mano derecha la varita mágica que tantas alegrías le había proporcionado.

Tras un efímero batir de alas, la paloma se posó en su hombro derecho. Este gesto provocó suspiros de asombro desde las butacas rojas que cubrían el teatro.
Juguetona, ella acercó su pico a su oreja, nadie pudo percibirlo, era considerado como una parte más del truco. Le susurró dulcemente al oído “Vente conmigo, hay un lugar en el palomar del parque donde todavía se puede soñar. Recuerda que nosotras fuimos las mensajeras de las magas del norte; las brujas”

Mario le siguió en su vuelo, desde las alturas veía el arco iris que forma la naturaleza. Un poquito de verde, otro de marrón, una lámina de azul y tras su espalda el amarillo protector del sol.
En el parque esperó sentado en un banco. Trozos de madera en los que se podía ver a una mujer enfrascada en la lectura de una novela, o escuchar las historias que un abuelo contaba a su nieto, o sentir el calor de una pareja de adolescentes al descubrir el amor. Desde allí respiraba tranquilidad, parecía que no existiera nada más en el mundo y que viviera en una amplia armonía con el entorno y consigo mismo.
Se levantó y tras flexionar sus rodillas acerco sus labios a la fuente, un agua pura y fresca que le proporcionaba energía para poder continuar. Era curioso, pues con el paso de los años el agua no había perdido la costumbre de jugar con él dejando el rastro de su camino hacia los labios marcado sobre su cara. Incluso las gotas jugaban a ser pendientes en los lóbulos de sus orejas. De regreso al banco observó las piedrecitas del suelo, los niños corretear, las madres con las carteras y meriendas...

La paloma regresó. Lo introdujo en el palomar una vez abiertas las ventanas. En el centro había un tablero parecido al juego del ajedrez, pero cuyas piezas eran figuras muy variopintas que no lograba a descifrar. Algunas tenían forma de caracola, otras de estrellas de mar, otras eran nueces, lápices de colores, golosinas...
- ¿Y todo esto qué es? -Preguntó Mario-.
- Eso son segundos. No son perceptibles a la vista humana pero nosotras las palomas si que podemos captar las imágenes. El conjunto de fichas son tus segundos vividos. Cada ficha que tomes te restará una cantidad de segundos de tu vida. Ven y prueba.- le animó la paloma-

Mario se acercó e introdujo una de las piezas entre los dedos de su mano. Tenía la forma de una golosina. Con la otra mano agarró otra con forma de caballito de mar. Estaba sumido en la inconsciencia, escuchando el silbido de las aves mientras su mente se llenaba de imágenes. En ellas Mario se encontraba en el parque, se escondía tras los árboles mientras jugaba al escondite, o corría para que sus amigos no le pillaran mientras jugaba a tula venenosa. Se guardó en los bolsillos las figuras y volvió por otras dos. Esta vez con forma de caramelo y otra con forma de canica. Percibió un Mario más niño, en cuclillas con las manos llenas de migas de pan, dando de comer a las palomas del parque.

- ¿Te acuerdas Mario? Desde pequeñito mostraste tu magia hacia las palomas.
- Quiero quedarme aquí, ¿Qué puedo hacer para no marcharme?.
- Es imposible quedarte, pero la palabra imposible no existe en magia. Te guardarás las piezas en los bolsillos y siempre que puedas podrás regresar, sólo tendrás que cogerlas con tus manos. Ahora es tiempo de regresar.

El público permanecía intacto, atónito, nadie se permitía el lujo de parpadear. En la vida habían visto a nadie desaparecer del escenario. De repente una nube de polvo rodeó el centro del estrado. De blanco y negro clásico apareció el mago con la paloma en el hombro. Los aplausos se mezclaban entre sí, era el truco de magia mas prodigioso jamás visto. Bravo! se escuchaba en cada rincón del patio de butacas. La paloma le guiñó un ojo a Mario. Mientras la visión de los humanos era incapaz de captar al Mario mellado, de baja estatura y con las piernas llenas de morados...

- ¿Dónde habrán guardado sus sueños para no verme? – dijo Mario-.
- Los sueños siempre están aquí, sólo hay que tener la intención de verlos. Mientras tanto, nunca dejes de soñar.



Paranoias nocturnas. Bruixot 24 de noviembre de 2005

martes, noviembre 22, 2005

Mamá comprame unas botas


No era época de rebajas, ella lo sabía. Pese a ello iba sorteando los escaparates de la ciudad buscando tras los cristales unos zapatos que pudieran ir a juego con sus vestidos, aquellos que fue acumulando con el paso de los años, como quien acumula apuntes o libros, una vez usados pasan al mayor de los ostracismos conocidos.Se guiaba por el suelo de los escaparates y aquellos cuyo color le gustaba eran el presagio perfecto para encontrar ese calzado buscado, como una Cenicienta pendiente de encontrar su príncipe deseado.

Entraba en una y otra tienda. Se probaba un modelo. Le indicaba a la dependienta que le sacara la parte amante del par. Era todo un rito: pasearse por delante de los espejos sabiendo que se veía a sí misma y que algunos ojos ajenos se fijaban en ella. Lo sabía y le gustaba compartir ese momento con personas capaces de derramar, en tiempos individualistas, unos segundos en ella. Era tan humilde que apenas podía plantearse la compra de las plantillas de cualquiera de los pares que se probó. Pero ella se divertía.

Salía a la calle, el aire le recordaba que se acercaba el invierno, que siempre olvidaba la bufanda y que como cuando era niña, en la esquina vendían castañas dentro de un cucurucho de cartón. Partió una con los dientes mientras el bolso comenzó a sacudirse. Se aproximó el auricular al oído. Le llamaban para confirmarle la fecha de su exposición, aquel estudio sobre Kipling en el que tantos años había trabajado.

Entró en otra tienda más. Echó un vistazo rápido, se sentó en el taburete tapizado en negro mientras se desataba los cordones. Alguna vez le hubiera gustado ser un cordón, se los imaginaba tan platónicos siempre unidos e inseparables a su par, juguetones, felices. Descalza se probó un zapato negro, luego uno blanco, uno con tacón, otro forrado en terciopelo. La dependienta no sabía que hacer para satisfacer sus gustos. Cuando se disponía a salir, de reojo observó un par que se encontraba arrinconado, donde la vista no podía llegar a alcanzarlo. Le sedujo desde el primer momento, como los grandes amores, siempre nos observan desde el silencio pero se escapan a nuestros sentidos. Eran rojos, un rojo muy claro sin llegar a ser rosa o fucsia ni la fusión de ambos.
Hizo el ritual de siempre. Pie derecho, paso izquierdo, mirada en el espejo y vuelta. Le sentaban muy bien, realzaban su figura femenina además de combinar con sus faldas, camisas y cinturones.

“No podré comprarlos, no tengo ese dinero” le dijo a la dependienta.
“Tómalos, esta noches llegarás a ser princesa “ dijo la vendedora.

Sonrió mientras la dependienta le devolvía una sonrisa de la que se escapaban mariposas cuyo vuelo salpicaba motas de polvo de estrellas.

Le decisión fue difícil como todo amor, pero al final Carolina se decidió por los zapatos rojos. Ella no lo sabía pero esa noche el mundo se pararía mientras las calabazas se convertirían en carrozas. Por supuesto el príncipe rojo no faltaría a la cita de media noche. Desde ese momento había nacido Cenicienta.

(Foto Ruzqui). Gracias!

Paranoias Nocturnas. Bruixot 22 noviembre 2005

viernes, octubre 28, 2005

Carolina



Quien pueda asegurar que no se ha enamorado nunca al encontrarse de bruces con una vecin@ suy@, es decir de cualquier ciudadan@ que reside en su mismo municipio, está mintiendo.
Hay momentos en la vida de uno, en los que te planteas que ha llegado la hora de tomar ciertas decisiones. Sí, que va siendo hora de sentar la cabeza y por ello realizar los a priori llamados cambios drásticos, para pasar de adolescente perpétuo a adulto, pero que finalmente, te sigues siendo el mismo niño que eres.
Hacía tiempo que me rondaba ya la idea por la cabeza, y por momentos llegaba a convertirse en obsesión. Ya se sabe, las ceremonias tienen mucho que ver con ello, son caldo de cultivo para el desarrollo de todo ese germen de preguntas; que si la familia, los amigos, las informadoras, las mujeres adultas, bien para interés de sus retoñas o quien sabe si con la misma excusa por el suyo propio “pues a ver cuando te decides, será porque no quieres”.

Aquella tarde me encontraba desorientado, mis piernas me llevaban sin rumbo fijo, intentando conciliarme con mis paisanos, o quien sabe si iría a comprar, al trabajo, a cualquier actividad lúdica, incluso a otro planeta, quizás a Marte, quizás aMarte para siempre. Son cosas que pasan, casualidades. Al doblar una esquina me crucé con ella o ella se cruzó conmigo. Despeinada, con ese aire rebelde que tanto me gustaba y que le daba un aspecto muy atractivo. Desde ese momento supe que era un flechazo en toda regla. Un visto y no visto. No por mi parte. No pude evitar volver la cabeza y ver como su silueta era devorada por la distancia mientras nos alejábamos. A ella no le debí importar, como siempre, al menos fue lo que me demostró en aquel instante. Era un ciudadano más, un ser cotidiano del que no percibes su presencia.

Está claro que el escrutinio de la primera mirada no llegó al quórum deseado. Esto no iba a quedar ahí. No me rendiría tan pronto y si quería captar su atención o captarla a ella tendría que luchar duro. Como son las mujeres!

Poco a poco y sin ningún dato ni señal, fui dando figura a ese ser. Me inventé un nombre, cifras, olores, gustos... Cuando uno se enamora hace muchas tonterías y se pone a investigar sobre esa persona amada. Consultas a tus amistades para ver si la conocen, te arrimas a quien no saludabas, intentas averiguar el teléfono por las guías, sin ni siquiera saber como se llama, cambian tus gustos musicales, sociales, definitivamente todo que os voy a contar. Todo hasta lograr esa ansiada primera cita.

El caso es que conseguí su teléfono por algún modo poco ortodoxo. Incluso su nombre: Carolina, así se llamaba ella. Por fin logré concertar un encuentro con ella, bueno encuentro, simplemente me moví por su círculo de actuación.
Con el paso del tiempo se había convertido en una mujer más madura. Calzaba unos tacones que resaltaban su grandeza y podía minimizarme en cualquier momento desde lo alto de su silueta. Con voz tímida aproveché para preguntarle la hora: "Las cuatro y diez" respondió ella. Espontáneamente le dije si sabía dónde se repartían los sueños. Debió tomarme por un poco loco pero el caso es que sonrío, aunque ella siguió su camino. Desapareció.

Desde entonces sigo teniendo encuentros pasajeros, segundos en los que el corazón da un vuelco y tu cara ofrece la mejor de tus sonrisas. Cierro los ojos y recuerdo esa instantánea. En esos encuentros le susurro si alguna vez ha probado un sueño, que existe un lugar en el mundo en el que las sábanas son algodón de azúcar, las almohadas son de plastilina mientras los colchones tío vivo de feria. “Ya está el chico de los sueños” menciona cuando me ve...y en el fondo tiene razón a mi me gustaría ser su repartidor de sueños y cada noche dejarle una carta bajo la almohada en la que estuviera llena de imágenes, utopías, sonrisas, paisajes y besos.

Pero ya se sabe que todo es difícil de conseguir, y si mi timidez lo permite, no cesaré en el empeño. El que no la sigue no la consigue. Seguiré haciendo esfuerzos sobrehumanos para conseguirte, pasándolo mal, pues así me tratas, pero estoy seguro que en dos años, Carolina serás mía.