domingo, noviembre 18, 2007

ma armastan sind


Poder desperezarte en un extremo del globo terráqueo y horas más tarde, sin pasar por la casilla de salida correspondiente, acostarte en la parte opuesta de la esfera mundial, sólo puede ocurrir en un mundo tan grande y minúsculo a la vez donde todo se encuentra al alcance de la mano.

En esas estaba yo, y sin lugar a dudas fue un contraste enorme dejar la Toronto cosmopolita, dinámica, activa para adentrarme en la Estonia tranquila, silenciosa y verde.
El país báltico es un remanso de paz en el que en cada milímetro se dibuja un retazo de armonía. El silencio se puede no sólo escuchar sino ver mientras estableces una perfecta simbiosis con la naturaleza de la que llegas a sentirte parte en estos tiempos tan difíciles.
Simplemente observando desde el otro lado del cristal que te transporta a tantos sueños, descubres un lugar en el que abunda un tupido verde en forma de árboles, césped, ríos, lagos... Sin duda alguna esta visión tan natural contribuye a que Estonia sea uno de los países europeos cuya densidad de población es menor; 29, 8 habitantes/km2 concentrándose un tercio de su población en la capital: Tallinn.

Esa Estonia profunda y rural es la que conocí yo. Como buen país del norte de Europa no faltan las casas de maderas escoltadas por su descendiente a menor escala situada cerca del río o lago a modo de sauna. Pero tanta naturaleza no es óbice para que no falle la red de telefonía móvil ni de internet en cualquier bosque lejano. Si existen gnomos en Estonia estoy seguro que en sus casas tendrán conexión a internet por mucho que el pueblo cercano (que superen los 50 habitantes ya es un hito) se encuentre a kilómetros.

Pese a ser un pueblo del frío norte, es un pueblo pacífico. Como nota curiosa comparten el mismo himno que Finlandia, sólo cambia la letra. Es una sociedad muy amable, dispuesta a acogerte dentro de su comunidad. Si bien yo creo que al llegar tantos guiris juntos a tan remoto lugar debíamos ser la atracción turística.
Es un pueblo que defiende su indiosincrasia teniendo muy arraigado un pasado lleno de dolor por las miles de víctimas que fueron asesinadas durante la ocupación nazi y posteriormente rusa. Finalmente logró su independencia junto a las otras dos repúblicas bálticas en el año 1991, en la conocida revolución cantada siendo la única república ex soviética donde no se derramó ni una gota de sangre. Es por ello que se trata de una nación joven donde todavía permanece el recuerdo de las heridas pasadas.

Finalmente no puedo despedirme sin hacer mención de Tallinn, ciudad a la que me escapé el último día. Sólo 24 horas me sirvieron para enamorarme y comprender que se trata de una de las ciudades más bonitas, si no la que más, que he visitado. Su casco antiguo medieval custodiado por murallas, abraza las catedrales ortodoxa y protestante constituyendo uno de los lugares con más magia de este planeta.

Y con esta entrega termino mi periplo de viajero estival sin profundizar sobre la French Canada (Ottawa, Montreal y Québec), Niágara o Tallinn. Aunque alguna que otra foto iré compartiendo en este lugar.

* revolución cantada, revolución en la que la población se juntaba cantando himnos y canciones nacionalistas prohibidas en la época de la ocupación soviética.

Fotografía, Eistvere, 19 de agosto de 2007. Bruixot

3 comentarios:

Bohemia dijo...

Que envidia me dasssssssss joio con eso de ver a Ismael...disfruta y acuérdate de mí...ya nos contarás que tal está eso...besos!!!
muchos!!!

Merche Pallarés dijo...

Qué bonito tu artículo sobre Estonia. Recuerdo que mis primeras amigas en Toronto justamente eran de Estonia, Latvia y Polonia. Espero tus comentarios sobre French Canada. Besotes, M.

bruixot dijo...

bohiemia, sabes que me acordé de ti mucho y ya tienes el resumen. Espero que puedas ir a verlo pronto.

merche pallarés, me alegro de que te gustara el artículo viajero. Sobre French Canada, de momento voy a parar un poco con el tema viajero...que si no me vais a odiar :)

Un besito