miércoles, julio 29, 2009

Praha




Sigiloso tras la sombra misteriosa de Kafka anduve recorriendo las callejuelas de Praga. A través de ellas pude impregnarme de las diferentes culturas que han poblado y continúan alimentando esta ciudad llena de contrastes. Por un lado la ciudad vieja, casco histórico medieval, pero a su vez colorido y dinámico. Por otra parte los barrios periféricos donde se aprecia la frialdad de los edificios construidos bajo el período comunista.

Fue allí, sentado en una terraza de la ciudad vieja, dónde pude apreciar la singularidad de la Plaza Wenceslao. Custodiada en todo momento por las torres góticas de Nuestra Señora de Tyn y la iglesia barroca de San Nicolas, sabe fusionar su dilatada historia con la fugacidad momentánea de la puntual mirada del Orloj. Reloj astrológico cuya calavera siempre nos pone los pies en tierra al recordarnos que debemos vivir el instante actual pues todo momento terminará.

Continué mi paseo por el río Moldova donde me topé con la pareja de baile Ginger and Fred, primer edificio bailarín. Pero fue patinando por sus aguas donde obtuve una gran visión del centro de la ciudad. Aunque es sin duda desde lo alto del castillo donde se obtienen las mejores vistas gracias a los escondites de los alquimistas

Siguiendo la melodía de un acordeón acompañada por el bullicio de cánticos internacionales me condujeron a una taberna. Pivo. Palabra inconfundible en cada uno de los rincones de la capital checa. Es imposible marcharte de Praga sin saber lo que significa o al menos sin probar la cerveza. Difícil para un no bebedor pasar por alto esta bebida tan autóctona y abundante. Sólo allí es posible que el precio del agua natural pueda costar hasta tres veces más

Leídas las hazañas del Golem acabé en el barrio de Josefov. Cada una de sus sinagogas conserva parte de la herencia judía. Realmente impresionante es un paseo entre las hacinadas tumbas del cementerio judío.

En una ciudad tan cultural, no podía marcharme sin absorber una mínima parte de su arte. Persiguiendo al autor de la Metamorfosis, acabé en el número 22 del Callejón de Oro. Allí en el interior de la diminuta casa azul fue donde le perdí la pista. Unos dicen que mutó, otros que desapareció. De un modo u otro siempre será uno de los símbolos de la ciudad. En la Laterna Magika aprecié un teatro basado en las sombras, sonidos y danzas proyectadas tras un espejo. Para finalizar volví a las callejas para recorrer el mundo liliputiense movido por los hilos de una marioneta.

Pese a la huida de Kafka, el escondite de los alquimistas, la desaparición del Golem, la fugacidad del Orloj, puedo estar tranquilo, pasé la mano por la estatua de Juan Nepomuceno, por lo que gozaré de buena suerte y…regresaré a Praga

foto bruixot, Praga 9 mayo 2009

3 comentarios:

viajera en el tiempo dijo...

Praga es no de mis destinos pendientes. Tengo muchisimas ganas de visitar esta ciudad y me encanta leer las experiencias de otras personas.

Gracias por compartirla :-)

heva dijo...

qué bien suena el paseíto :)

amelche dijo...

¿Que fuiste a Praga en mayo y hasta ahora no lo habías contado? ¡No tienes perdón de Dios! Sólo te perdono porque has bordado el post. :-)