jueves, agosto 24, 2006

Hormigas en la boca



"Ando como hormiguita por tu espalda
Ando por la quebrada dulce de la seda"

Ando como hormiguita. Silvio Rodríguez

Antes de que sea demasiado tarde y me otorguen el premio Nobel o alguien se decida a escribir mi biografía, quiero dar a conocer mi lado oscuro, ese perfil sanguinario que todos guardamos en el rincón más remoto de nuestra memoria.

He de confesar que fui asesino de hormigas. Para mi siempre han constituido una relación amor-lúdico-odio desde que nací. Y es que con una sola cadena de televisión y a falta de Internet uno debía buscarse alternativas para divertirse.

De pequeñito las cazaba en casa de mi tía. Se trataba una especie muy alargada de las que ya no percibo, quizás se extinguieron o quizás fuera el efecto visual de unos ojos muy pequeños. En el cole cogíamos aquellas que eran grandes y las enfrentábamos entre ellas cual dos gladiadores, de modo que se quedaban enganchadas entre sus propias pinzas. En el campo me divertía destrozando sus caminitos a base de piedra e inundando o tapando su guarida con agua o tierra. Me gustaba permanecer quieto observando como unos seres tan pequeños eran capaces de salir del centro de la tierra y levantar en unos escasos minutos todo lo que los desastres naturales habían destrozado.

En mi preadolescencia mi cerebro se volvió más sádico y empezaba a maquinar trampas para agruparlas y dispararles con gomas. Les ponía cualquier insecto pesado como cebo y allí acudían en tropel mientras yo esperaba como un franco tirador con mi arma preparada para descargar.

A pesar de este pasado tan negro, he de confesar que es el animal que más me fascina y admiro por su afán trabajador. Siempre me hubiera gustado hacer un corte vertical en la tierra para ver todas las autopistas de un hormiguero y poder encontrarme con la hormiga reina, que yo siempre me la imaginé gigantísima.

Ah! olvidé decirlo, de esta relación de amor debo retornar a los inicios. En la guardería me acerqué hormiguitas para darle un beso y me mordieron la lengua…desde aquel momento tengo mi barriguita llena de hormigas.


Merezco una amnistía, ¿no?.

Fotografía: Fuerza de voluntad por cortesía de Albert
Paranoias nocturnas. Bruixot, 23 de agosto de 2006

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Jajajajajaajja pobre !!! te mordieron la lengua... si es que uno debe tener cuidadín y saber qué cosas acerca a su boca jeje.
Yo recuerdo haber dejado sin dormir a mis padres una noche entera, al haber metido palomitas y hormigas con alas en una pequeña cajita. Con tanto revoloteo allí nohabia quien durmiera (excepto que yo que sabia de donde provenía el ruido, y ni siquiera lo notaba xddd)
besossss

Tharsis

amelche dijo...

¡Pobres hormigas! ¿Y esas de cabeza roja que picaban bastante si las tocabas? A esas sí les tenía yo un poco de manía...

bruixot dijo...

Tharsis, ahora que comentas lo de las cajas me ha venido a la mente los gusanos de seda. También me fascinaba pese a su efímera existencia. Me podía pasar horas viendo como devoraban una hoja de morera.

Amelche, lo de las hormigas es uno de los pocos recuerdos q conservo de la guardería. Cuando mordieron fue cuestión de tragarlas rápidamente.

Un besito

síl dijo...

a mi me mordían mis compis de guardería... ostras! si me llega a dar como a tí, ahora igual estaría cumpliendo condena, aún? :P

pd. es la mejor foto de hormiga que podías encontrar ;)

Saul dijo...

Jejeje. Yo tambien tuve mis aventuras con las hormigas!! son la caña, y hay mas que humanos!!

De pequeño en un campamento una vez me negue a comer un bocadillo y lo tire, mis monitores lo vieron y me obligaron a comermelo, pero como estaba lleno de hormigas me cabreé y lo volvi a tirar. Al final y tras dos horas sentado en mismo sitio castigado me lo comí, con hormigas y todo. Y la verdad es que si pican!!

:P