
Ayer, en la mayoría de países del mundo se celebró el día internacional de los trabajadores. Esta efeméride debe su origen a la celebración de una huelga general de trabajadores el día 1 de mayo de 1886 en Chicago. En ella se demandaba la reducción de la jornada laboral a ocho horas diarias.
Paradojas de la vida, Estados Unidos es en la actualidad uno de los países que no celebra la festividad del mencionado día. Sin embargo, este hecho no ha sido óbice para que millones de hispanos hayan tomado las calles americanas en el conocido “día sin inmigrantes”. El objeto de esta manifestación no es otro que demandar un reconocimiento, en forma de papeles legales, para toda esta población que desempeña un papel importantísimo dentro de cualquier sociedad.
Para verlo desde una perspectiva más clara no hace falta irse tan lejos, podemos trasladarnos a nuestro país. ¿Os imagináis que ocurriría si por cualquier motivo alguien prohibiera trabajar un único día a los indocumentados? La economía iría a pique y las ciudades serían caóticas; faltaría suministro de frutas y verduras en los mercados, las casas estarían sucias, nuestros mayores abandonados, son sólo unos breves ejemplos de todo lo que podría ocurrir.
Si ya de por sí su situación laboral no es de lo más boyante, es justa esta reivindicación por el reconocimiento social en forma de papeles y no sentirse perseguidos dentro de una sociedad a la que son muy útiles. Por no mencionar la revitalización que imparten dentro de sociedades envejecidas como la nuestra.
Por esto y muchas otras cosas mi solidaridad está con ellos.
Fotografía por cortesía de Ruzqui
Bruixot, 2 de mayo de 2006



