
"Ando como hormiguita por tu espalda
Ando por la quebrada dulce de la seda"
Ando como hormiguita. Silvio Rodríguez
Antes de que sea demasiado tarde y me otorguen el premio Nobel o alguien se decida a escribir mi biografía, quiero dar a conocer mi lado oscuro, ese perfil sanguinario que todos guardamos en el rincón más remoto de nuestra memoria.
He de confesar que fui asesino de hormigas. Para mi siempre han constituido una relación amor-lúdico-odio desde que nací. Y es que con una sola cadena de televisión y a falta de Internet uno debía buscarse alternativas para divertirse.
De pequeñito las cazaba en casa de mi tía. Se trataba una especie muy alargada de las que ya no percibo, quizás se extinguieron o quizás fuera el efecto visual de unos ojos muy pequeños. En el cole cogíamos aquellas que eran grandes y las enfrentábamos entre ellas cual dos gladiadores, de modo que se quedaban enganchadas entre sus propias pinzas. En el campo me divertía destrozando sus caminitos a base de piedra e inundando o tapando su guarida con agua o tierra. Me gustaba permanecer quieto observando como unos seres tan pequeños eran capaces de salir del centro de la tierra y levantar en unos escasos minutos todo lo que los desastres naturales habían destrozado.
En mi preadolescencia mi cerebro se volvió más sádico y empezaba a maquinar trampas para agruparlas y dispararles con gomas. Les ponía cualquier insecto pesado como cebo y allí acudían en tropel mientras yo esperaba como un franco tirador con mi arma preparada para descargar.
A pesar de este pasado tan negro, he de confesar que es el animal que más me fascina y admiro por su afán trabajador. Siempre me hubiera gustado hacer un corte vertical en la tierra para ver todas las autopistas de un hormiguero y poder encontrarme con la hormiga reina, que yo siempre me la imaginé gigantísima.
Ah! olvidé decirlo, de esta relación de amor debo retornar a los inicios. En la guardería me acerqué hormiguitas para darle un beso y me mordieron la lengua…desde aquel momento tengo mi barriguita llena de hormigas.
Merezco una amnistía, ¿no?.
Fotografía: Fuerza de voluntad por cortesía de Albert
Paranoias nocturnas. Bruixot, 23 de agosto de 2006