sábado, noviembre 05, 2005

Pasiones y virtudes


Antes de que este planeta estuviese habitado por hombres y por mujeres vivían en él pasiones y virtudes. Estuvieron viviendo durante cientos y cientos de años y durante toda una eternidad pasiones y virtudes que se aburrían de lo lindo con el transcurrir de los siglos, así que cada día trataban de inventar un juego nuevo al que jugar para que se hiciese mas llevadera la larga, larga, larga, larga existencia.

Cuando el aburrimiento estaba bostezando por tercera vez, la locura, como siempre tan loca propuso: ¿Por qué no jugamos al escondite? la intriga levantó la ceja "intrigada" y la curiosidad, sin poder contenerse, preguntó: Al escondite, ¿cómo es eso...?. Es el juego -explicó la locura- en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón, mientras vosotros os escondéis y cuando yo haya terminado de contar, al primero de vosotros que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.

El entusiasmo bailó "entusiasmado", secundado por la euforia. La alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la duda e incluso hasta a la apatía a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar. La verdad prefirió no esconderse, ¿para qué? si al final siempre la hallaban. La soberbia opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese salido de ella) y la cobardía prefirió no esconderse.
Uno, dos, tres... comenzó a contar la locura.

La primera en esconderse fue la pereza, dejándose caer tras la primera piedra del camino.
La fe subió al cielo y la envidia se escondió tras la sombra del triunfo, quien con su propio esfuerzo había logrado subir hasta la copa del árbol más alto.
La generosidad casi no alcanzó a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: Un lago cristalino: ideal para la belleza. Una hendija en un árbol: perfecto para la timidez. El vuelo de una mariposa: lo mejor para la voluptuosidad. Una ráfaga de viento: magnífico para la libertad. Así terminó por acurrucarse en un rayito de sol.
El egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio: aireado, cómodo, pero sólo para él.
La mentira se escondió en el fondo de los océanos (mentira, en realidad se escondió detrás del arco iris) y la pasión y el deseo en el centro de los volcanes.
El olvido... se me "olvidó" donde se escondió pero eso no es lo más importante.

Cuando la locura contaba ya los novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve, el amor aún no había encontrado sitio donde esconderse entre las flores.
-Un millón- contó la locura y comenzó a buscar. La primera fue la pereza, a sólo tres pasos, detrás de una piedra. Después se escuchó a la fe conversando con Dios y a la pasión y al deseo los sintió vibrar en los volcanes.
En un descuido encontró a la envidia y ¡claro! pudo ver donde estaba el triunfo.
Al egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solo salió disparado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas.
De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la belleza.
Con la duda resultó todavía más fácil, pues la encontró sentada en una cerca sin decidir aún dónde esconderse.
Así fue encontrando a todos: al talento entre la hierba fresca; a la angustia en una cueva oscura; a la mentira detrás del arco iris (mentira, en el fondo de los océanos); hasta el olvido... se le "olvidó" que ya había olvidado que estaba jugando a los escondidos.
Sólo el amor no aparecía por ningún sitio.

La locura buscó detrás de cada árbol, en cada arroyuelo y mar del planeta, en la cima de las montañas... y cuando ya estaba por darse por vencida, divisó un rosal y pensó: "El amor, como siempre, tan cursi, seguro se escondió entre las rosas".

Amor sal ya que se hace tarde, pero el amor ya sabéis que es muy indeciso, y no solamente uno tarda en encontrarlo, sino que a veces tarda demasiado en salir a la luz. El amor asustado no salía. La envidia que suele preocuparse bastante más de los demás que de sí misma, se acercó al oído de la locura y le dijo: El amor esta oculto en esas zarzas. La locura muy enfadada fue hacia las zarzas y empezó a gritar : ¡Amor sal ya!, se nos hace tarde. Pero yo les he dicho ya que el amor es indeciso, y una vez que lo encuentras es difícil sacarlo. La locura muy enfadada trato de meter la mano entre las zarzas para sacar al amor de las solapas, con la mala fortuna que se pinchó con una espina. A veces hacer salir al amor es doloroso. La locura estaba tan enfadada, que agarró una vara que había junto a las zarzas, la introdujo en el matorral y empezó a agitarla entre las ramas. De repente sonó un grito. De entre las ramas de las zarzas salió el amor con las cuencas de los ojos ensangrentadas. La locura en su locura al agitar la vara entre las zarzas le había sacado los ojos al amor, dejándolo ciego para siempre. Todos se quedaron muy callados mirando al amor con las cuencas vacías, sin saber qué decir nadie. Quizá aquella fue la única ocasión en la que la locura hablo con un poquíto de cordura, porque dijo: No os preocupéis, desde ahora yo seré sus ojos.Y es por eso que desde entonces el amor es ciego, y la locura son sus ojos.

5 comentarios:

amelche dijo...

Esta historia la escuché en un programa de radio que hacían antes en Cadena Dial, Océano Pacífico.

kukiitho dijo...

Esa historia la escuche en un resital de Ismael Serrano, que la contó antes de cantar uno de sus temas, pero nunca pude saber de quien es. Es muy linda

Anónimo dijo...

CONXAMIMARE AHHHHHH NO SE QUIERO LLORAR, PORQUE EL AMOR ES UNA LOCURA Y YO ESTOY LOCA DE AMOR

Anónimo dijo...

LLLLLLLOOOOOOOOOKKKKKKKKUUUUUUUUURRRRRRRRRAAAAAAAAAAAAA JAJAJAJAJA BARATA :P

Anónimo dijo...

Creo que es de un escritor Argentino llamado Carlos Contesti